jueves, 29 de marzo de 2007

Costumbres ancestrales

El día que uno nace nadie le pregunta: Oye, ¿tú quieres ser católico? A mí por lo menos no lo preguntó nadie, y no, no quería ni quiero,pero es más difícil darse de baja en la iglesia que en Meneame. De ahí se pasa a que te echen agua fría en la cabeza y te empaqueten literalmente a dos personas que en adelante se pasarán a llamar tus "padrinos", no por lo de que la familia te eche un cable, si no como mecanismo de emergencia por si a los padres originales les pasa algo -dicen-. Es una cuestión religiosa, no sólo te bautizan como decía cierto libro de ficción tremebunda que bautizaba cierta secta a sus acólitos si no que te hacen pasear una rama, palma o ramas varias -lo que denominamos ramo- de tu casa a la iglesia y de la iglesia a casa de tus padrinos con tu ropa de domingo o de estreno para ese día que entonces se pasa a denominar la ropa de ramos y es el momento más feliz de la fiesta para ciertos individuos cuyo afán es el estreno indiscriminado de ropa, principalmente madres de familia con ganas de mirar a las otras madres de arriba abajo y decir que sus hijos son lo más del momento y que lo que estrenan ese día costó tanto y lo compraron en tal sitio... ¿Que nos pensamos?¿Que las fiestas religiosas son para honrar algo religioso? Nooo, en absoluto. Es como el día de difuntos, cuando los visones salen del armario...
Esta fecha de Ramos precede a la Semana Santa, concretamente es el domingo antes, y entre las costumbre laico-religiosas esta la de sacar a la calle si el tiempo lo permite "pasos" como los de la siguiente semana pero en menos esplendoroso: la denominada "borriquilla" que no es otra cosa que un cristo aun sin escarnizar con un burro.
Lo del bautismo es un rito sectario, pero lo de la entrada en Jerusalén a lomos de burra y saludado por la plebe con ramas de laurel -posteriormente palmas-, no sé como definirlo. Lo primero, la iglesia. Puede ser un trasunto de una Jerusalén Celeste que tanto nos intentan vender, pero no todos podemos permitirnos el lujo de ir en burra, principalmente porque nos cogen los verdes y nos empalan al ser el burro un animal en peligro de extinción y protegido... Vamos a pie, vale. El tema del ramo de laurel: con laurel se coronaba al atleta griego victorioso y posteriormente al emperador romano, aquel pedazo de hijo de mala madre que quería acabar con la cristiandad... ¡Meca! Lógica simple: si se saluda con ramitas de laurel a un acólito cristiano, que no católico, ¿es que se asume que éste es el emperador? Cómo se lo tenía guardado... Es como en la Invasión de los ladrones de cuerpos: piensas que es el vecino de toda la vida pero una lombarda gigante ha crecido en su sótano y es el agente Smith... sin comentarios.
Lo de ser padrino es un dolor, al menos desde mi experiencia de "madrina" -no, no concedo deseos porque no soy además hada-. A edades intempestivas en las que desconoces la mitad de las repercusiones de las cosas que haces, por no decir todas, alguien tiene un hijo y te dice ¿Quieres ser su madrina? Y claro, como a la pregunta de ¿Quiere usted ser millonario..? ¿Qué respondes? Claro, como no... Y luego crecen, y esa persona conocida de toda la vida cuyo hijo adoptaste para "en caso de" se vuelve retorcida y te hace la puñeta y comienza a hablarte sólo en fechas de guardar -en su casa-: reyes, ramos, cumpleaños del nene, viaje de estudios del nene, santo del nene y, si nos mojamos mucho, los domingos que tiene que ir de copas el nene... El resto de los días, te cruzan por la calle y ni te conoce.
Luego están los padrinos afortunados -en cierto modo ya que el desembolso no se lo quita nadie- que tienen ahijados que les profesan una cierta devoción. El día de ramos, el ramo procesiona hasta la casa del padrino, acompañado de dulces. Cuando el ahijado crece se convierten en ramos de flores para madrinas y pastelazos y botellas de vino para padrinos... Pero ese trato amable sigue presente. No lo mencioné pero en ramos el ahijado lleva el ramo y el padrino le da el bollo, de verdad en forma de pastel o económico que a partir de ciertas edades mola más. Ese trato amable al que me refiero no es el vano intercambio de presentes, si no que va más allá y perdura a lo largo de todo el año.
Mi caso es el de ahijada devota de sus padrinos porque son dos tíos míos a los que quiero y aprecio profundamente aunque la condición religiosa del apelativo me importa bastante poco, pero también soy madrina puteada, porque mi ahijada tiene la desgracia de tener una madre tan sumamente idiota que sólo me habla en ciertas fechas y que esconde a la cría cuando me la cruzo por la calle por si le digo algo. Este año he decidido acabar con esta relación parasitaria: tú no conocer mi, yo no conocer tú en día ramos. Tú no palma, yo no pasta. Y ya está, porque sólo de pensar en ver no ya a la cría que no tiene la culpa si no a su madre en la puerta de mi casa empujando a la cría hacia dentro con una palma en la mano cual pollo desplumado recién sacado de agua hirviendo y con la sonrisa profiden puesta, me saca de quicio.
Respecto a mis padrinos, mañana caerá el ramo de flores y pasado la botellaza de vino. El bollu a su vez lo haré yo -tarta de almendra- por si se animan a tomar el café en mi casa.
Lógicamente hay que respetar las costumbres de los demás, pero a veces en lo que se convierten las costumbre de los demás deja mucha distancia a las pretensiones originales del acto. Y también mucho que desear. Mientras tanto seguiré protestando en base a ese trauma que me causó el ir a un colegio de monjas y seguiré dedicándome a los dioses del hogar, que me resultan más cercanos que uno sólo, triplicado y omnipotente.
Paso palabra.

Etiquetas: